Historia

No son muchos los datos que tenemos sobre la fundación de nuestra Hermandad. Lo poco que sabemos es gracias a un estudio realizado por un hermano, Don Eustaquio Mora García, y que se encuentra publicado en un artículo del boletín Nº 1 de esta hermandad.

Según este estudio esta Hermandad pudo ser fundada con fines políticos, de las llamadas fernandinas, para enterrar a los muertos ajusticiados por las decisiones políticas o judiciales, pasando a ser de pasión en el año 1424, año en que databa el primer libro de actas conocido de esta Hermandad.

Del contenido de ese libro resulta que la cofradía estaba asentada en una ermita que contaba con una capilla, salón de cabildo, casa de la santera y recinto de posada; y que la aprobación de las Reglas, en 1425 por el Arzobispo de Sevilla, Don Diego de Anaya. También habla de la existencia de otra Hermandad llamada de la Santa Cruz.

En 1505 hizo estación de penitencia con 50 hermanos de Sangre y 100 de luz. Más adelante de Madre de Dios de las Angustias acompañada con San Juan y María Magdalena. Y que en el año 1751 esta hermandad se unió a la Hermandad de la Santa Cruz y Nuestra Señora de los Dolores.

Por aquella fecha, la organización de esta cofradía no se hacía en la capilla, sino que se organizaba en la Plaza de San Pedro, en cuyo lugar había tres piedras redondas con sus huecos centrales que servían de soportes a las tres cruces que en las mismas se colocaban. En la piedra del centro se colocaba la Cruz con Nuestro Señor Jesucristo a ella clavado y a ambos lados otras dos cruces que aún se conservan y que representa a las otras en las que se crucificaron a los dos ladrones.

A la plazuela se sacaba el púlpito y desde él, un sacerdote predicaba  el pasaje del descendimiento. Para ello, la figura del Crucificado tenía sus brazos articulados, con lo que se conseguía un mayor realismo del acto que se realizaba. Estas circunstancias de ser la imagen de Cristo articulada se ha podido comprobar en un libro de Actas encontrado en la Hermandad en 1814, en la que se refleja la adquisición a Juan de Astorga de la talla del Cristo articulado, así como la forma de pago y la traída desde Sevilla a hombros de  Hermanos. Muy recientemente se dejaron los brazos de la talla en forma fija, tal como se contempla hoy en día.

El pueblo, contrito y apenado, estaba pendiente de los Santos Varones, émulos de José de Arimatea y José de Nicodemo, que a las indicaciones del Sacerdote que predicaba, iban desenclavando los brazos y piernas, bajándolo con el sudario de la Cruz y depositándolo en el Santo Sepulcro, para seguidamente, comenzar la procesión del entierro. En estos momentos, los “Pediores”, dos Hermanos con túnicas especiales, empezaban su cometido pidiendo una limosna para enterrar a Cristo.

Esta ceremonia se realizó hasta que llegó la venta de la capilla, motivada por la Ley de desamortización de Mendizábal, que pasó a manos profanas, convirtiéndose en almacén de carretas, arados y aperos de labranza; la Hermandad buscó refugio en la cercana Parroquia de San Pedro, que con este motivo, también tuvo que pagar su tributo arquitectónico por éste acontecimiento, ya que la puerta llamada del “Perdón”, fue mutilada para facilitar la salida y entrada del “paso” de palio.

La ceremonia del descendimiento, cuando pasó  la Hermandad a la Parroquia de San Pedro, se celebraba en el presbiterio de dicha Iglesia, con el mismo pasaje que se celebrara en la plazuela pero ya sin  lucimiento y ni las creencias tan arraigadas.

Pasado el tiempo, allá por el año 1900, el Hermano Mayor Don Antonio de Sosa habla con una señora virtuosa, Doña Patrocinio Mesa y Moreno, esposa de Don Juan López Martínez; motivada e inclinada por la caridad cristiana adquirió dicha capilla al anterior propietario, arreglándola reformándola y la puso en condiciones para albergar nuevamente a la Hermandad, cediéndola en usufructo, con lo que la cofradía volvió otra vez a su antigua residencia, donde se encuentra hasta nuestros días.